Lo notaste antes de querer admitirlo.
Un mechón de más en la almohada. El cepillo que antes quedaba casi vacío y ya no. Probablemente ya intentaste de todo — cambiaste el champú, te aplicaste el aceite de siempre con los dedos y esperaste, sin saber si de verdad llegaba a la raíz.
El problema casi nunca es lo que te pones en el cabello. Es que nunca llega a donde de verdad importa: el cuero cabelludo.
